Derechos Humanos

¿Dónde esta mi hijo?: Las madres como víctimas de las Desapariciones Forzadas en el Conflicto Armado

Por Jessy Pamela Vergara Rodriguez

En diversas ocasiones, en el caso de las desapariciones forzadas que sucedieron en Ayacucho en la época que es llamada del terrorismo, la prensa y la sociedad se han enfocado en que le sucedió a la víctima, donde esa, cómo fue que sucedió, quién lo hizo, pero no fueron más allá de un simple análisis de causa consecuencia individual, cuando en realidad abarca mucho más que la afectación a la víctima. También involucra el daño no sólo a la sociedad por la percepción que se genera sino que existe un daño que si bien es cierto y probado, no es visibilizado, y este es a las familias de las víctimas, y dado que la mayoría de víctimas por no decir todas fueron hombres, fueron sus esposas y sobre todo sus madres quien empezaron una lucha y búsqueda incansable que duró más de 30 años y lo único que ellas pedían era justicia y verdad para sus desaparecidos. Pero quien se preocupó por estas madres? cómo es que ellas podían solventar su manutención económica, los abogados y el seguimiento del proceso por más de 30 años y cómo es que afrontaron dicha situación. Cuando se afecta a una víctima no sólo se afecta a ella sino también a todo su entorno. El presente ensayo busca mostrar la afectación y dificultades que tuvieron dichas mujeres en diversas etapas del proceso, así como la manera en que las afrontan. Para ello el trabajo presentara en primer lugar, la historia de dichas mujeres, dos de las más representativas, así como en segundo lugar hará un análisis de los temas que se vinculan con el caso en concreto, y se mencionan las teorías que se vinculan con esos temas, para en tercer lugar hacer un análisis conjunto del mismo. Y concluir con la confirmación de algunas hipótesis sobre dichas mujeres que se plantean desde el enfoque de género y las teorías feministas. 

El primer caso a analizar es el más representativo en el caso de Desapariciones forzadas, es el de la señora Angélica Mendoza de Ascarza, quien junto a otras mujeres formó la Asociación ANFASEP que era una asociación para la búsqueda de personas desaparecidas que estuvo presente los más de 30 años del proceso llamado Cabitos. La razón por la que dicho asociación se formó y principalmente la razón por la que Angélica lo inició fue la desaparición de su hijo Arquímedes, quien producto de una intervención en su domicilio es retenido a altas horas de la madrugada en el mes de julio de 1983, un grupo de militares entraron a su domicilio, lo levantaron y se lo llevaron, después de eso no se supo nada más de él ni de otros desaparecidos. Después, recibió una nota por parte de su hijo que decía:

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El articulo escrito por nuestros directores fue publicado en el Portal Web Parthenon.pe y trata de resolver si dado el contexto actual, ¿es jurídicamente posible la creación de un «impuesto solidario excepcional»?

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Hoy es el día de identificarse con ellas, para adoptar una nueva identidad que nos permita dejar el silencio a un lado, hacer oír la voz del pueblo peruano y reclamar a gritos la justicia tan esperada por estas mujeres.

«Mamá, por favor consigue abogado y busca los modos posibles de que me pasen al juzgado porque mi situación está bien complicada, yo me encuentro bien, no te preocupes, pero de todas maneras insistan a diario al cuartel, para que así me pasen al juzgado o hablar con alguien, y consigue dinero. Chau. Arquímedes».[1]

Fueron los testimonios de cada una de las madres y esposas quienes permitieron la reconstrucción de los hechos y, fueron ellas quienes no permitieron que el proceso llamado Los Cabitos se archivara. El caso de la señora Angélica es emblemático no sólo porque muestra el amor de madre sino porque también no se visibiliza que no sólo los desaparecidos fueron las víctimas, sino también ellas tienen consecuencias de los daños, se les ha cambiado el proyecto de vida. A qué madre o esposa o hermana no le afectaría que su hijo, esposo o hermano desaparezco, se ha destruido a una familia, y quizá el desaparecido ya esta muerto, pero sus familiares siguen en la búsqueda de sus cuerpos. La poca percepción que se tiene del inmenso daño que se generado a las familias de la víctima que usualmente son las madres, y evidentemente son mujeres. Mujeres a quienes se les ha tenido que hacer dejar sus casas y sus cosechas para asistir a una comisaría donde no eran escuchadas, comisarías donde les reciben papeles y más papeles, pero se mantiene la impunidad. Esto llevó a que la señora Angélica diga: “tenemos que organizarnos”[2].

El primer y segundo caso se relacionan bastante en el contexto no sólo por el terrorismo que imperaba en esa época sino que ambas mujeres se vuelven víctimas derivadas, es decir, son víctimas no porque la afectación les haya caído a ellas sino porque cayó en sus hijos y producto de ello se generó un daño en ellas, se les cambio el proyecto de vida, es decir, ellas son víctimas producto de la desaparición de sus hijos. Con lengua materna y una lengua al quechua, desde la provincia de Ayacucho, con un estatus económico bajo, con una vida que básicamente depende de su trabajo diario, este grupo de mujeres de la sierra se unieron para formar una asociación que les permita seguir el proceso. Se podría decir que fueron mujeres que por necesidad vieron la forma de reprimir el poder estatal del que eran víctimas. Porque una de los deberes del Estado es no sólo la protección de los Derechos humanos, sino también su garantía, y esto sólo se puede lograr mediante un debido proceso, el cual fue casi impedido por las autoridades cuando no les querían recibir las denuncias o que las reciben para simplemente acumularlas y no darles trámite, o cuando ya llegaban a juicio tratar de inculcarles a ellas de acusar a los oficiales, hubo un caso donde una madre denunció que su hijo había desaparecido, fue violada, y cuando fue a denunciar dicho suceso, no le creyeron y incluso en el proceso le dijeron que ella estaba inventando esas historias para poder inculpar a alguien por la muerte de su hijo. Cómo este hubo muchos casos donde se les dificulto el acceso a la justicia. Esto muestra que “la desaparición forzada en su tipificación internacional y en la definición adoptada por la CVR, para efecto del análisis, no supone necesariamente la ejecución arbitraria. Solo cuando la desaparición forzada culmina en la ejecución del detenido existe una concurrencia real de delitos”[3]. Una concurrencia que se encuentra presente no sólo por la violencia sexual sino por no investigar, por no cumplir con su deber de permitir el acceso a la justicia siendo ineficaces con la misma.

Es necesario introducir una referencia a las teorías del género que van a ser utilizadas para lograr un enfoque más amplio del problema anteriormente planteado. Una de ellas y es la más importante es la interseccionalidad, así cómo una perspectiva de género. Para el tema de interseccionalidad, si bien existen grupos que han sido reforzados porque comparten una política identitaria como en el caso de las personas de color y de los gays, no es así en el caso de las comunidades campesinas, porque estos grupos tienen como fuerza las políticas basadas en la identidad, que crean un sentido de comunidad.

Es decir, que mientras para estos grupos sí se ven reforzadas ese tipo de políticas, para los grupos de personas campesinas  no se ven reforzadas las identidades, sino que al contrario tratan de ocultarlas, y generar burla de ella, pero no es sino la organización de las Comunidades campesinas las que generan esa identidad que ha sido tan descuidada y minusvalorada por el estado. Es producto de esta identidad que se hizo más sencilla la unión y creación de una Asociación para defenderse en cada uno de los procesos que tenían que afrontar.

Habría sido totalmente diferente si hubiese desaparecido cualquier otro señor que vivía en Miraflores y cuando su madre/esposa/hermana lo buscase seria prioridad. Pero fue la situación de discriminación que se vivía en ese momento y que se sigue viviendo hasta ahora contra ese sector de la población lo que no les permite obtener justicia, el que hace su dolor más pesado y con un proceso de más de 30 años ha cambiado y afectado su proyecto de vida. Estar en grupo las empoderó a seguir luchando, a encontrar los restos de sus seres queridos, y hasta hoy no se ha logrado, y quienes siguen siendo afectadas son las mujeres, por su condición social y económica de pobreza, el proceso es lento y no permite que las investigaciones sigan un rumbo adecuado para llegar a la verdad, en lugar de crear barreras deberían mostrar lo positivo de esas diferencias, porque esa “puede constituir una fuente de empoderamiento político y reconstrucción social”[4]

Al igual como sucedió con las mujeres negras, sucede también en nuestro país con las mujeres campesinas, pues no son visibilizadas y no se toma en cuenta no sólo su cultura sino tampoco la forma de organización de una comunidad campesina, porque sí fuese así no se le habría desestimado la demanda a la señora que denunció la violación, y no se hubiese creído basado en estereotipos de género de que las mujeres son celosas y vengativas que ella haya denunciado una violación sólo por venganza porque su hijo había desaparecido, sino que debieron mirar más allá de lo evidente y con un peritaje antropológico, y darse cuenta que la posibilidad de que mintiese eran mínimas, porque sí ella admite que es violada, seria expulsada de la comunidad. Además, que sí bien la tecnología médica era limitada en ese momento, sí podría haberse determinado sí hubo o no penetración mediante otras técnicas que no implicarán el uso avanzado de tecnología.

El problema es entonces “la ausencia de otras narrativas o imágenes que muestran el espectro completo de la experiencia negra. La supresión de alguno de estos temas en nombre del antirracismo tiene costes reales. Sí no hay información disponible sobre la violencia en comunidades minoritarias, no se puede tratar la violencia doméstica como un tema serio”[5]. Se ha suprimido el debate sobre estos grupos sociales, no se ha considerado sectores que también han sido afectado y que son víctimas producto de las desapariciones forzadas que hubo en los años del terrorismo.

Nadie se preocupo de estas víctimas, a nadie le importo estas mujeres que se pasaron casi toda su vida buscando a sus seres queridos, si se hubiera tenido una perspectiva de género y un eficaz proceso judicial, el caso Cabitos seguido por ANFASEP se hubiera resuelto de manera más rápida y sencilla, y se hubiera incluido a esa asociación de mujeres no sólo como testigos de lo sucedido sino como víctimas, y de la misma manera en el caso de la señora que es acusada de mentir sobre la violación que le había ocurrido, aduciendo venganza cuando en realidad eso se podría haber descartado fácilmente con un peritaje médico y antropológico. Hace falta la incorporación de perspectiva de género en los procesos judiciales y si bien han venido siendo incorporados en los procesos nacionales por los diversos pronunciamientos de las Cortes Internacionales, esto debe continuar e incluso mejorar porque quizá se puede incluir la perspectiva de género pero esa sin la interseccionalidad que tome en cuenta no sólo el género sino también la condición social y economica, edad, como en el caso de las campesinas de ANFASEP no se va a lograr nada, y un claro ejemplo es dudar del testimonio de una de ellas sin haber realizado una investigación ni un peritaje.


[1]  Jorge Paucar Albino. Este es el último mensaje de Arquímedes Ascarza, el hijo desaparecido de Mamá Angélica. Angélica Mendoza guardó, hasta el final de sus días, la carta que le envió su hijo desde Los Cabitos. En: La mula. https://redaccion.lamula.pe/2017/08/29/mama-angelica-peru-desaparecidos-justicia-memoria-derechos-humanos-carta-hijo-los-cabitos-ayacucho/jorgepaucar/
[2] Navarro, Julio. 31 Agosto. 2017, extraído de LUM – Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social. Mamá Angélica: Una luchadora de la paz y la justicia que marcó la historia de nuestro país. Una madre que con su búsqueda nos deja un ejemplo de fuerza y amor eterno. Mamá Angélica vive en nuestros corazones. (1929-2017)https://www.youtube.com/watch?v=YqbaRCOIjy4
[3] Comisión de la Verdad. DESAPARICIÓN FORZADA DE PERSONAS POR AGENTES DEL ESTADO. http://www.cverdad.org.pe/ifinal/pdf/TOMO%20VI/SECCION%20CUARTA-Crimenes%20y%20violaciones%20DDHH/FINAL-AGOSTO/1.2.%20DESAPARICIN%20FORZADA.pdf
[4] Crenshaw, Kimberle. Cartografiando los márgenes. Interseccionalidad, políticas identitarias, y violencia contra las mujeres de color. (1991), originalmente publicada por Stanford Law Review, traducido por Raquel Platero y Javier Sáez.
[5] Crenshaw, Kimberle. Cartografiando los márgenes. Interseccionalidad, políticas identitarias, y violencia contra las mujeres de color. (1991), originalmente publicada por Stanford Law Review, traducido por Raquel Platero y Javier Sáez.

Bibliografía:

ANFASEP. La historia de ANFASEP.

http://anfasep.org.pe/anfasep/historia-de-anfasep/

Comisión de la Verdad. DESAPARICIÓN FORZADA DE PERSONAS POR AGENTES DEL ESTADO. http://www.cverdad.org.pe/ifinal/pdf/TOMO%20VI/SECCION%20CUARTA-Crimenes%20y%20violaciones%20DDHH/FINAL-AGOSTO/1.2.%20DESAPARICIN%20FORZADA.pdf

Crenshaw, Kimberle. Cartografiando los márgenes. Interseccionalidad, políticas identitarias, y violencia contra las mujeres de color. (1991), originalmente publicada por Stanford Law Review, traducido por Raquel Platero y Javier Sáez.

Paucar Albino, Jorge. Este es el último mensaje de Arquímedes Ascarza, el hijo desaparecido de Mamá Angélica. Angélica Mendoza guardó, hasta el final de sus días, la carta que le envió su hijo desde Los Cabitos. En: La mula. https://redaccion.lamula.pe/2017/08/29/mama-angelica-peru-desaparecidos-justicia-memoria-derechos-humanos-carta-hijo-los-cabitos-ayacucho/jorgepaucar/

Navarro, Julio. 31 Agosto. 2017, extraído de LUM – Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social. Mamá Angélica: Una luchadora de la paz y la justicia que marcó la historia de nuestro país. Una madre que con su búsqueda nos deja un ejemplo de fuerza y amor eterno. Mamá Angélica vive en nuestros corazones. (1929-2017)

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